Para diciembre se anuncia la tercera edición del Libro Blanco de la Defensa Nacional. Se trata de una iniciativa que comenzó en 1997, en conjunto con Argentina. Intenta transparentar la capacidad bélica del país. Para que nadie se engañe, y Chile no sea acusado de armamentista, ni menos aún de amenaza para sus vecinos. Una acusación que ha esgrimido reiteradamente el Perú luego del diferendo marítimo que ha llevado hasta el Tribunal de La Haya.
Además, el gobierno de la presidenta Bachelet también pretende terminar con la disposición que le entrega a las Fuerzas Armadas el 10% de las ventas anuales de cobre que realiza la empresa estatal Codelco Chile. En 2007, esto significó cerca de mil millones de dólares. Hasta aquí, buenas intenciones y un sentido práctico encomiable. Sin duda, las platas del cobre darán mayores beneficios en escuelas y hospitales, que en armamento pesado o ligero, buques o aviones de guerra. Pero esto que parece tan obvio, no tiene su correlato en la práctica. En América Latina, un continente en que la pobreza está lejos de ser erradicada, Brasil acaba de anunciar un negocio por US$ 4 mil millones con Francia. Comprará 36 aviones caza Rafaela. Como contrapartida, Brasil le venderá 10 aeronaves de transporte, fabricadas por Embraer. Esto es sólo parte de un convenio mayor, que ya se concretó en diciembre pasado. En aquella oportunidad, Brasilia informó la compra de cuatro submarinos Scorpene -Chile compró dos en 2005 y 2006- y cincuenta helicópteros EC-725. También se informó sobre la posibilidad futura de construir, en conjunto, un submarino nuclear. En aquella oportunidad, como ahora, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, viajó hasta Brasilia para darle mayor peso al acuerdo. Esta vez coincidió con el 7 de septiembre, día patrio del país latinoamericano.
¿Por qué Francia? La explicación oficial señala que fue el único país dispuesto a transferir tecnología. O sea, se trata de la culminación de un proceso de suma importancia tanto para Brasilia como para París. Por un lado, permite a la nación gala tener una presencia fuerte en un continente emergente. Y de aliada, nada menos que a la nación con mayor peso específico en la región, por tamaño y potencial económico. Para Brasil, en cambio, es una buena forma de mostrar su capacidad de liderazgo. Y con total independencia respecto de los Estados Unidos. Por lo demás, Washington jamás ha estado dispuesto a transferir tecnología militar sofisticada, precisamente para mantener control en la región.
La postura de autonomía brasileña se ha manifestado en otras áreas en el pasado. Fue lo que ocurrió en informática. Pero, finalmente, debió claudicar y aceptar la primacía norteamericana, como ocurre en todo el mundo. En el caso de las armas, en cambio, la disputa recién comienza y Francia puede ser un socio adecuado.
Las explicaciones esgrimidas por el presidente Luiz Inacio “Lula” de Silva, son todas de tipo defensivo. Citó la extensión de la amazonía, el combate al narcotráfico y el descubrimiento de grandes reservorios hidrocarburíferos en aguas territoriales profundas. Recordó que el petróleo ha sido causa de muchas guerras.
Los argumentos de Lula son atendibles. Aunque revelan la irracionalidad en que se mece el mundo. En la actualidad, el negocio de las armas es el más lucrativo. Representa una cifra cercana al billón -millón de millones- de dólares anuales. El principal exportador de armas es Estados Unidos, seguido, de lejos, por Inglaterra, Rusia y Francia.
Desde que concluyó la Segunda Guerra Mundial, los conflictos en que se han usado estos artilugios causaron ya 30 millones de víctimas. El 90%, civiles. Los números se transforman en más escalofriantes cuando miden los fallecimientos que provocan a diario. Se calcula que muere una persona por minuto ultimada con armas cortas. Un dato más que revela la irracionalidad -o la codicia- humana: Estados Unidos produce anualmente siete millones de unidades de este armamento. Se estima que en el país hay más rifles, pistolas, subametralladoras, revólveres, carabinas, que habitantes. Y allí viven de 305 millones de personas.
El negocio del armamento es extraordinariamente lucrativo. Y en los últimos diez años ha crecido en 37%. Hasta ahora no hay indicios de que tal tendencia vaya a cambiar.
Por eso, la iniciativa chilena puede ser encomiable. Aunque justo es decir que en materia de armas, de seguridad, las versiones que se entregan no son siempre iluminadas y diáfanas. Más bien, generalmente las rodea un halo opaco ¿Por qué habría de creerle a las FF.AA. en esta materia si no han sido transparentes en otra tan importantes como los delitos de lesa humanidad?
Pregunta que, a propósito de la irracionalidad que significa gastar dinero en juguetes mortíferos, parece absolutamente adecuada.
II Parte
La justificación de Brasil para armarse es la extensión de su territorio y los ricos reservorios petrolíferos descubiertos recientemente. Pero como veíamos en la columna pasada, también hay otras razones estratégicas. Y una de ellas puede ser el peso específico que ha logrado Venezuela. No sólo en el plano ideológico, donde es acompañado por varios países de la región. También en el poderío militar que hoy ostenta. Es innegable que si Brasil se preocupa por el petróleo, razón sobrada tendría Venezuela. Pero en este caso hay otros aditamentos. Siempre respecto del petróleo, el principal socio comercial de Caracas es Estados Unidos. Y, sin embargo, es su principal amenaza, tal vez por ello mismo. El presidente Hugo Chávez ha dicho con toda claridad que su país se siente amenazado por el imperialismo norteamericano. Y para estar algo más seguro, se arma.
Entre 1998 y 2007, Venezuela subió del lugar 56 al lugar 24 entre los principales compradores de armas del mundo, según el Instituto Internacional de para la Paz [SIPRI], con sede en Estocolmo. En 2007, fue el mayor comprador latinoamericano y el noveno a escala global. La inversión alcanzó a US$ 887 millones.
Se calcula que en la década 98-2007, Venezuela gastó US$ 2.162 millones en armas cortas y largas, aviones de combate SU 30MK, Mig 29, helicópteros Mi 17, Mi 35 y Mi 36, fragatas y aviones de transporte. El 96% de tales adquisiciones corresponden a material ruso. El resto proviene de China y España.
Se estima que el negocio de Moscú ascendería hasta los US$ 4.000 millones en los próximos años. Sin embargo, representantes de la empresa exportadora estatal rusa Rosoboronesport, estiman que las ventas podrían duplicarse y hasta triplicarse. Algo de eso ya podría estar ocurriendo. Recientemente, el presidente Chávez, de regreso de una vista a Rusia, anunció que Venezuela contará con misiles con un alcance de hasta 300 kilómetros. En los próximos meses comenzarán a operar tres fábricas de armamentos rusos en territorio venezolano.
¿Por qué se arma Venezuela? Las razones pueden ser varias. Tanto internas como externas. Pero es indudable que el proyecto que encarna Chávez no sintoniza con la mantención de lo establecido. De allí la campaña comunicacional permanente en su contra en diversos medios latinoamericanos. Tampoco son desconocidos los roces que éste sostuvo con el ex presidente norteamericano George W. Bush. Pero hay más. Colombia se ha transformado en la principal base operativa de los Estados Unidos en el continente. Y Colombia es limítrofe con Venezuela. El Pentágono cuenta hoy con bases en El Salvador, Honduras, Costa Rica, Cuba, Puerto Rico, Aruba, Curazao, Perú y Paraguay. En Colombia tenía ocho bases hasta el reciente acuerdo en que se agregaron otras siete. Son más de 1.200 asesores norteamericanos apostados en el país, más instructores y operadores de naves aéreas y navales.
Este es el nuevo esquema ideado por los Estados Unidos para poner en práctica en el Comando Sur, que es uno de los cinco Comandos que operan en el mundo. Se trata de la creación de Puestos Avanzados de Operaciones, FOL, es su sigla en inglés. La presencia militar masiva norteamericana en Colombia ha generado críticas en todo el mundo. Incluso Henry Kissinger, el ex secretario de Estado en el gobierno de Nixon, cuestionó la instalación de bases en territorio colombiano. Por su capacidad de reacción, las FF.AA. norteamericanas no necesitan inmiscuirse anticipadamente en un país determinado. Y recordó que ese fue el inicio de la intervención norteamericana en Vietnam.
Estos son algunos de los ases que se mueven en la mesa de póquer de América Latina. Por desgracia, cuando comienzan a subir las apuestas, los jugadores no se resignan a decir no va más. Y continúa el incremento del mejor negocio del mundo: las armas. El principal proveedor es Estados Unidos.
14/09/09
HONDURAS EN HONDURAS [22.9.09]
Por Wilson Tapia Villalobos
La aparición del depuesto presidente Manuel Zelaya en Tegucigalpa ha devuelto a Honduras algo de protagonismo. Ante el golpe militar del 28 de junio, hubo condena y casi unánime. A nivel mundial. Pero con el correr de los días, la situación se fue decantando y las gestiones internacionales fracasando. Parecía que el régimen de facto, encabezado por Roberto Micheletti, alcanzaba cierto grado de estabilidad. Más por inoperancia de la presión internacional que por méritos políticos propios. Un cambio que en geopolítica no puede ser obra del azar. Quien comprendió mejor aquello fue el propio Zelaya y de allí el regreso a la tierra natal.
Su presencia en la embajada de Brasil ha dado nuevo impulso a su causa. Y, de paso, está dejando entrever la lencería de la diplomacia latinoamericana y la significación que en ella tiene Washington.
Honduras no es país extraño a la geoestrategia norteamericana para la zona y para toda América Latina y El Caribe. Washington mantiene bases militares de larga data. Hoy se encuentran operativas las de Palmerola, Cucuyagua y la Ceiba. Allí fueron entrenados militantes de la “contra” que intentaron poner fin al régimen sandinista en la vecina Nicaragua. Eran tiempos de la Guerra Fría. Los Estados Unidos no estaban dispuestos a dejar que en una zona considerada parte esencial de su seguridad se estableciera un régimen que ideológicamente le sería adverso. El gobierno de Ronald Reagan [1980 -1988] no escatimó esfuerzos.
América Central conoce de la atención estadounidense. Las grandes compañías bananeras fueron las primeras que impusieron control económico en el área. Y dieron, de paso, origen a empresarios locales que se transformaron en aliados seguros. Las intervenciones militares norteamericanas fueron reiteradas. Hasta que el trabajo de deponer a regímenes molestos lo comenzaron a hacer las Fuerzas Armadas locales. Todas ellas preparadas por instructores y en escuelas norteamericanas.
La condición fundamentalmente estratégica de Centroamérica para los Estados Unidos queda de manifiesto en su paupérrimo significado económico. Cuando activa todo su poderío por la aparición del sandinismo, la región representa apenas el 2,5% de las inversiones norteamericanas en América Latina y el 10% de las que hacía en El Caribe. En cuanto a créditos para la banca, alcanzaban al 2,3% de lo que recibían los bancos latinoamericanos. En términos generales, a América Central llegaba nada más que el 0,3% de la inversión estadounidense en el mundo.
En la actual crisis, Washington ha mantenido una actitud pasiva. Y a eso se debe que Micheletti aún se mantenga en el poder. El depuesto presidente Zelaya había comenzado a dar muestras de simpatías hacia el régimen venezolano de Hugo Chávez. Y en consonancia con éste, pretendió dar un giro a la institucionalidad de su país, generando una nueva Constitución. En ese momento fue depuesto.
Todo parece indicar que hoy estamos ante la exhibición de los límites democráticos que el poder está dispuesto a soportar. Y en ese marco no cabe la profundización de la participación. Tampoco acciones y definición estructurales que puedan afectar lo establecido. Cada vez que gobiernos como los de Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, han intentado hacer reformas profundas que amenazan a los grupos de poder tradicionales, una ola de condenas no se deja esperar. Es lo que hoy ocurre con el de la presidenta Cristina Fernández, en Argentina. Desde la Sociedad Interamericana de Prensa [SIP] ha partido la voz de alerta. La amenaza es un proyecto que legisla sobre la tenencia de medios de comunicación. Pretende evitar la concentración de poder comunicacional. Un elemento esencial en estas democracias virtuales que vivimos. Y a la SIP se han sumado todos sus miembros: la abrumadora mayoría de los medios de comunicación, que representan el poder económico del continente. En resumen, el poder está dispuesto a defender la democracia, pero sin que ésta sea remozada para dar soluciones a problemas sociales urgentes. Algo así como democracias de baja intensidad. Y cualquier intento de que el Estado pueda profundizar el control de los grupos económicos, es condenado. Igual cosa ocurre si se pretende alcanzar un trato tributario que haga más equitativo el reparto de la riqueza.
Todo esto está en juego en Honduras. Con algunos agregados novedosos. El hecho de que la embajada en que se cobija Zelaya sea la brasileña, habla a las claras que Lula está dispuesto a jugar el liderazgo que cree le corresponde a su país. Por ahora, eso no significa nada dramático ni espectacular. Nada parecido a un choque abierto con los Estados Unidos. Pero sí el erigirse como alternativa de sello latinoamericano a la propuesta de Chávez y su socialismo del Siglo XXI.
La subsistencia de la democracia de baja intensidad parece a punto de superar otro escollo. A eso apuntan las gestiones que ya iniciaron en Washington la Secretaria de Estado Hillary Clinton y el presidente de Costa Rica, Óscar Arias. Si finalmente Zelaya logra recuperar la presidencia, su mandato estará acotado dentro de márgenes muy rígidos.
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