André Bellon, ex diputado francés, encabeza un movimiento por la convocatoria de una Asamblea Constituyente que le devuelva a los ciudadanos galos el poder que poco a poco se les escapó de las manos. Imperceptiblemente, como que no quiere la cosa, las instituciones de la República evolucionaron en modo tal que decisiones que tocan muy de cerca la vida de millones de franceses son tomadas en cenáculos lejanos, incomprensibles, inaccesibles, reservados a una élite, a veces electa, a veces designada, demasiado frecuentemente ajena al sentir de la ciudadanía y a sus intereses.
Sarkozy acaba de enviar al Parlamento un proyecto de ley para darle a un servicio público legendario, el Correo, un estatuto de sociedad anónima. Así se comienza, sistemáticamente, cuando se quiere privatizar servicios creados y desarrollados con el dinero público, y que las más de las veces han jugado el papel de elemento estructurador del territorio y de garante de la igualdad de los ciudadanos. Así se hizo con Renault, con EDF [energía], con Air France, con France Telecom, con Gas de Francia, con EADS [investigación espacial], con las Autopistas y con un sinnúmero de empresas que aun hoy, gracias al esfuerzo financiero de la comunidad, mantienen un avance significativo en el ámbito mundial.
Los resultados están a la vista: aumentos significativos de las tarifas, degradación de la calidad del servicio, despidos masivos, y sobre explotación de los asalariados que quedan. En France Telecom se les pasó la mano: en solo dieciocho meses 24 asalariados se suicidaron debido al stress provocado por métodos de gestión inhumanos. El centro de investigación tecnológica de Renault también conoció esos suicidios, en este caso de cuadros altamente calificados, por las mismas razones.
De ahí que confrontados al desafío de la privatización rampante del Correo, los sindicatos llamasen a un voto popular efectuado el sábado pasado, voto que le permitió a casi dos millones de ciudadanos expresar su opinión directamente. Nadie les obligó a venir a votar. Además el voto no tiene ninguna legalidad y no es vinculante para el gobierno. No obstante, nadie discute su legitimidad. Nadie.
Los “expertos” que disertan sobre la falta de interés del pueblo en la cosa política recibieron un violento tapabocas. El pueblo sí quiere expresarse, sí quiere opinar, y sobre todo, quiere decidir. Más del 80% de los participantes votaron contra la privatización. Y ahora nadie, nadie, discute la legitimidad de su voto.
Hace algunas semanas acertó a pasar por París Michelle Bachelet. En la reunión que sostuvo con la comunidad chilena, María Parra, presidente de la FEDACH, le pidió pública y solemnemente que junto a la elección presidencial efectuara un plebiscito sobre la conveniencia de llamar a una Asamblea Constituyente en Chile. La respuesta de su Excelencia fue tan decepcionante como falta de grandeza: un plebiscito de esa naturaleza, sostuvo, “no es vinculante y no sirve para nada”.
La Sra. Presidente de Chile no osó ni siquiera recuperar un retazo de democracia para el pueblo que la eligió. Un diputado del partido socialista español [PSOE] pudo comentar: “¡Qué mejor prueba de pusilanimidad! Un voto masivo a favor de tal iniciativa hubiese sido un argumento imparable a favor de quienes desean devolverle a Chile su calidad de República democrática”.
Semanas más tarde Héctor Vega, un ardiente e irreductible defensor del cobre chileno, depositó en La Moneda una carta para Bachelet solicitándole exactamente lo mismo, un plebiscito sobre la Asamblea Constituyente, sugiriendo que en diciembre se instale una cuarta urna para que los ciudadanos decidan.
Jorge Arrate se sumó a tal iniciativa en nombre de las fuerzas que sostienen su candidatura a la presidencia de la República. Por lo pronto La Moneda no ha ni siquiera acusado recibo de la propuesta.
Mientras tanto, los candidatos del statu quo, de la inmovilidad y de la continuidad, los candidatos gatopardos que se satisfacen de la institucionalidad heredada de la dictadura, discuten de nimiedades, sacan trapitos al sol, hacen ejercicios de marketing aplicado, compran adhesiones.
Sin ni siquiera ofrecernos un retazo de democracia.
Foto: Luis Casado
Fuente: Debate Socialista
05/10/09
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