El tema tributario es una piedra en el zapato de la Concertación y la Alianza. La amplia conciencia de la inequidad del sistema y su calidad de potente motor para crear nuevas y aberrantes diferencias sociales en la sociedad chilena es tal, que ya no es posible esconder la necesidad de una reforma sustancial. Ni los compromisos pos primera vuelta de Frei con el Junto Podemos [20/12/09], ni los anuncios tributarios de su Comando [22/12/09], entran en precisiones necesarias y sistémicas acerca de la reforma del sistema tributario. Reconoce que “hay mejorías posibles” pero todo eso quedará entregado a una Comisión Presidencial. Vaguedad que se parangona con las declaraciones de Piñera [22/12/09] que afirma su intención de considerar el tema siempre que necesitara de nuevos recursos para realizar sus planes de crecimiento económico.
Aclaremos. ¿Existe o no la intención de acabar con los subsidios directos a las grandes fortunas [gasto tributario]? ¿Existe o no la intención de establecer un royalty a la actividad minera? En más de una ocasión hemos precisado que el llamado royalty es apenas un impuesto específico que por su rendimiento causa la hilaridad de las compañías transnacionales de la Gran Minería del cobre. Algunos han pretendido ver el royalty como un impuesto a la renta económica de la minería, sin entender que el royalty se paga según mineral extraído de la mina, pago independiente de la renta que se obtenga del comercio del mineral, pues se trata del producto de la concesión de un bien público. En esta ruta de ambigüedades conviene fijar desde ya las opciones que se abren y sus efectos en el rendimiento del sistema tributario, puesto que desde ya ambos candidatos de la derecha plantean objetivos, que requerirán mayores recursos fiscales.
Con relación al impuesto a la renta. En nuestra propuesta debe eliminarse el sistema de impuesto-crédito. Proponemos que las empresas tributen efectivamente 20% sobre sus utilidades devengadas, dejando radicada la tributación total de la actividad empresarial en la empresa y no en las personas como ocurre en la actualidad. Para los dueños los retiros y distribuciones no constituyen renta. Deberá eliminarse el gasto tributario, que equivale aproximadamente a un 25% de lo que se recauda, por cuanto en la práctica representa un subsidio directo a las grandes fortunas. Actualmente por el concepto de gasto tributario se dejan de percibir 6 mil millones de dólares al año. Si se adoptan estas reformas se reducirá considerablemente el esfuerzo por la administración de los impuestos, tanto para el Fisco como para los contribuyentes.
En nuestra propuesta el Global Complementario tendrá como tope un 20%
Consecuente con lo dicho proponemos que el impuesto a las personas tenga una tasa marginal del 20% [desde 0 a 20%], afectando a todas las rentas que se perciban, con excepción de las que provienen de la actividad empresarial. Con esta propuesta de reforma se logra igualar la situación de todos los contribuyentes cualquiera que sea su actividad y origen de las rentas.
Consecuencias de ignorar que el Impuesto a la Renta de la actividad empresarial es solo retención y crédito
El Comando de Frei deja entender que adoptará algunas de las propuestas de su contendor de la primera vuelta, Marco Enríquez-Ominami [MEO]. Siendo ambos de origen y militancia concertacionista, hasta hace algunos meses MEO lo era, conviene precisar las ambigüedades, ausencias y malentendidos de la postulación de este último.
En la propuesta de MEO se ignora que siendo la norma del impuesto-crédito la que regula la tributación de la actividad empresarial, la recaudación de estos tributos por las utilidades distribuidas de la empresa no solo no produce ingresos tributarios, sino que, al tener este impuesto créditos [por contribuciones de bienes raíces, capacitación, donaciones, compra de bienes durables, entre otros] la recaudación resulta negativa, es decir, el Fisco recibe menos dinero que los créditos que debe otorgar. Además, por las utilidades retenidas [no distribuidas] el impuesto es temporal por el período desde que se declaran dichas utilidades, y por las cuales se paga el impuesto, hasta el momento en que se distribuyen dichas utilidades y el impuesto correspondiente [que es, precisemos, de propiedad de los dueños de las empresas, no del Fisco]. En resumen, el impuesto de primera categoría es neutro, o dicho de otra manera, las empresas no pagan impuesto.
En este caso, si se opta por el impuesto sobre las utilidades distribuidas, sería más razonable eliminar el impuesto a las utilidades de las empresas, [todo lo que paga la empresa se otorga de inmediato como crédito, por lo cual la recaudación de la empresa queda en cero] dejando la tributación de la actividad empresarial radicada exclusivamente en las personas mediante el impuesto global complementario.
En conclusión, corresponde establecer los mecanismos para que las personas puedan cumplir con su tributación, como por ejemplo: una retención a los dividendos y retiros, similar a lo que se hace ahora con el pago de honorarios.
Reiterando lo anterior, cuando no existe doble tributación –como es el caso actual en Chile– es conveniente que la tributación de la actividad empresarial quede radicada solo en la empresa. Esta debería pagar de acuerdo a la tasa que se determine –proponemos un 20%– y los dueños no declarar ni tributar por los retiros y distribuciones que las empresas les otorguen.
Lo nuestro está claro. Proponemos eliminar el sistema de impuesto-crédito, por lo cual las empresas deberán tributar efectivamente sobre sus utilidades devengadas –no retiradas–el 20%. La tributación total queda radicada en la empresa, NO en las personas.
Precisemos, que sea que se adopte una tributación radicada en la empresa o en los empresarios por utilidades retiradas existe una diferencia fundamental a saber, cuando el impuesto está radicado en la empresa el impuesto es proporcional; cuando el impuesto está radicado en el empresario el impuesto es progresivo [pagan un porcentaje mayor los que mas ganan], debido a que los impuestos personales tienen esa característica.
Otra opción sería volver a la doble tributación, caso en el cual se debe definir el impuesto que pagan las empresas independientemente del impuesto que deben pagar sus dueños, considerando que el impuesto a la actividad empresarial será la suma de ambos.
En conclusión, cuando se propone aumentar el impuesto de primera categoría sobre las utilidades retiradas, según nuestros estudios produce menos ingresos tributarios que los que se recaudan en el presente, independientemente de la tasa que se intente aumentar. Agreguemos, que según las últimas estadísticas compulsadas en el Servicio de Impuestos Internos los contribuyentes que están en la tasa del 40% son un poco mas de 15.000.
Hasta aquí las opciones que se abren en un tema que en 20 años la Concertación, con el beneplácito de la derecha, se ha negado sistemáticamente a abordar. En medio de vagos intentos de grupos de izquierda para alcanzar el poder político es necesario crear conciencia del papel que ha jugado la clase política de la Concertación. Su permanencia en el poder por 20 años se ha hecho al precio de su complicidad con la derecha aliancista. La que ha pagado con jugosas participaciones en sus negocios y posiciones de poder. Es más, ha sido pieza fundamental en el poder alcanzado por los grupos económicos oligopólicos, cabezas visibles del capital transnacional que goza en el presente de importantes privilegios tributarios. Vastas capas de la población hoy carecen de representación y de opción política. Las opciones se reducen a un cambio de equipo de la misma clase política, bajo formas diversas, por lo cual no existe otra vía, al margen de la borrachera electoral, que organizar las múltiples iniciativas populares en un frente amplio por las grandes transformaciones sociales que el pueblo exige. En otras palabras, consagrar la política que surge de lo social.
* Héctor Vega, Secretario General del Movimiento de Saneamiento Político y Social [MSPS]. Artículo basado en investigaciones de la Comisión tributaria del MSPS.
Foto: Héctor Vega
24/12/09
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